Marta & Pedro:
Una boda para disfrutar de principio a fin
en Finca Lagar Santa Victoria.
Marta y Pedro: Una boda con esencia andaluza, patios y mucha alegría.
El pasado 25 de Abril de 2026 tuvimos el placer de acompañar a Marta y Pedro en uno de los días más especiales de sus vidas. La celebración tuvo lugar en Finca Largar Santa Victoria.
Rodeados de familia y amigos, y con la tranquilidad de quienes saben disfrutar de cada instante, vivieron un día lleno de emoción, tradición y mucha alegría.
Desde primera hora de la mañana se respiraba ese ambiente relajado y especial que acompaña a las bodas en las que lo único importante es compartir y celebrar. Y Córdoba, con su luz y su esencia andaluza, fue el escenario perfecto para una historia que estuvo marcada por los pequeños detalles y las ganas de pasarlo bien.

Los preparativos: luz, calma y la esencia de Andalucía
Todo comenzó en un precioso hotel boutique donde Marta vivió las horas previas rodeada de sus personas más cercanas.
La luz que inundaba las habitaciones y el encanto de su patio interior, con la arquitectura y el estilo característicos de Andalucía, creaban una atmósfera tranquila y elegante. Uno de esos lugares donde todo invita a disfrutar sin prisas y donde los nervios se transforman en ilusión.
Entre abrazos, sonrisas y los últimos retoques antes de vestirse de novia, Marta fue preparándose para uno de los momentos más importantes de su vida.
Mientras tanto, Pedro compartía la mañana con los suyos, viviendo esos instantes previos que siempre están llenos de emoción y de recuerdos que permanecerán para siempre.




El «Sí, quiero» en la Parroquia de Santiago Apóstol de Montilla
Hay algo especial en casarse en el lugar donde uno ha crecido.
Para Marta y Pedro, celebrar su matrimonio en la Parroquia de Santiago Apóstol de Montilla, rodeados de las personas que han formado parte de su historia, tenía un significado que iba mucho más allá de la propia ceremonia. Era una forma de volver a sus raíces y compartir uno de los días más importantes de sus vidas en el mismo pueblo que los ha visto crecer.
La ceremonia religiosa estuvo marcada por la emoción y por esa mezcla de nervios y felicidad que hace que cada mirada y cada gesto cobren un significado especial. Familiares y amigos acompañaron a la pareja en un «sí, quiero» vivido con mucha naturalidad, reflejando a la perfección la forma tranquila y disfrutona con la que Marta y Pedro afrontaron el día.
Porque hay lugares que forman parte de nuestra historia. Y poder comenzar una nueva etapa en ellos hace que los recuerdos tengan un valor todavía más especial.



Llegada a la finca y sesión de fotos
Tras la ceremonia, la celebración continuó en la espectacular Finca Lagar Santa Victoria, un enclave rodeado de naturaleza y con ese encanto andaluz que convierte cada rincón en un escenario perfecto para una boda.
A la llegada a la finca, Marta y Pedro aprovecharon para realizar una breve sesión de fotos en los alrededores, dejando que la luz, el entorno y la tranquilidad del momento se convirtieran en el mejor escenario para unos primeros recuerdos ya como marido y mujer.
Bajo la organización de Las Mimosas Wedding Planner, cada detalle estuvo cuidado con mimo y coherencia estética. Su trabajo consiguió que la decoración, los tiempos y la experiencia global de la boda encajaran a la perfección, permitiendo que Marta y Pedro solo tuvieran que centrarse en vivir su día.





Cóctel con música en directo y banquete
Si hubo algo que marcó el ambiente desde el primer momento fue la música.
El cóctel al aire libre estuvo acompañado por música flamenca en directo, aportando ese toque alegre y tan nuestro que hizo que los invitados se dejaran llevar desde los primeros minutos.
Entre conversaciones, abrazos y alguna que otra improvisación, el ambiente fue creciendo poco a poco hasta convertirse en una auténtica celebración.
El banquete continuó la misma línea de cuidado y elegancia, en un precioso salón perfectamente decorado, donde cada detalle estaba pensado para crear un ambiente cálido, acogedor y lleno de armonía. Un espacio que acompañaba a la perfección el ritmo de la celebración y que invitaba a seguir disfrutando sin perder la esencia del día.
Porque hay bodas en las que la fiesta comienza con la barra libre. Y hay otras, como la de Marta y Pedro, en las que la alegría aparece mucho antes.




Una fiesta muy bien acompañada.
Cuando llegó el momento del baile y la fiesta, nadie tenía ganas de que el día terminara.
La barra libre se celebró al aire libre, bajo una gran carpa donde la música, las luces y las ganas de pasarlo bien hicieron el resto.
Fue una de esas fiestas donde siempre hay alguien en la pista, donde las risas se mezclan con las canciones favoritas y donde el cachondeo se convierte en el mejor recuerdo para todos los que están allí.
Porque al final, las bodas más bonitas son aquellas en las que uno termina el día con la sensación de haber disfrutado cada segundo.




